Los corsos.
Recuerdo cuando niña los corsos de mi pueblo.
Mi madre prometía llevarnos si dormíamos la siesta.
Según la fecha del tiempo de Cuaresma es la fiesta de carnaval.
Para los chicos ir al corso era una alegría, las noches se transformaban en un espacio de expresión y liberación. El encanto de la música en ese ambiente multicolor nos emocionaba.
Creo que los carnavales eran la diversión de los pobres.
El papel picado y las serpentinas eran un sano juego y todos nos hermanábamos aplaudiendo los desfiles de disfraces, carrozas, cantos y danzas.
Un centenar de mascaritas mostraban la creatividad que habían tenido para disfrazarse.
Muchos de ellos actuaban, iban desarrollando un libreto que improvisaban en el momento.
Algunos eran muy graciosos, otros trataban de atemorizarnos detrás de sus antifaces.
Nunca faltaba un linyera, un borracho, un preso, una pareja de recién casados, y los conocidos personajes del mundo de la fantasía.
Las carrozas por aquellos años eran distintas a las de ahora. Siempre presente la pulpería entre sombras, con hombres acodados al mostrador tomando ginebra que de tanto en tanto entraban en discusión.
Tengo la imagen visual y olfativa de un festejo campero. En ese carruaje iban comiendo carne asada que dejaba el aire impregnado de ese inconfundible sabor argentino mientras la ranchera como un haz de vida se metía en el alma de aquellos bailarines.
Las ceremonias para festejar el carnaval son antiquísimas, creo que derivan de los Saturnales romanos ya que existen vestigios de estas fiesta paganas en la mayoría de los pueblos de la antigüedad. Si bien se le atribuye al carnaval un origen pagano, en su espíritu veo esa necesidad de convivir en paz y armonía con nuestros hermanos y con nosotros mismos para sentir la alegría de la verdadera felicidad.
Jugando al carnaval.
Por las calles de mi barrio
el carnaval se avecina.
Han salido las muchachas
con baldes de agua fría.
Los muchachos se acercan
y escurren sobre sus cuerpos
con toda algarabía
el líquido que dibuja
los senos y piernas finas.
Algunos con más violencia
revientan en sus espaldas
las bombitas que lastiman.
Las muchachas no se vencen
cargan sus baldes con fuerza
para derramar sobre ellos
agua, risas y alegría.
lunes, 18 de mayo de 2015
viernes, 15 de mayo de 2015
Escuela primaria.
De guardapolvo blanco muy bien almidonado y con un "Hasta luego" nos íbamos a la escuela por la calle Olavarría.
La escuela N°1 "Pedro Castelli" está viva en mi recuerdo y en mi corazón.
¿Quién ha podido olvidar a la maestra de primer grado?
De impecable guardapolvo bordado en las solapas, lucía un collar de perlas, Elsa Rossi de Fontana, mi señorita.
Muy prolijo su peinado, uñas largas bien pintadas de igual tono que los labios, rojo grana parecía.
Ni hablar de los tacos altos que más alta la hacían.Me enseñó a hacer los palotes, puso el lápiz en mi mano y con la suya iba llevando la mía.
Los libros de mis hermanos eran viejos, no servían. Los retratos de Eva Duarte y de Domingo Perón la escuela los prohibía. Qué alegría tenía yo, libros nuevos me pedían!!!
Los números, las vocales, lecturas de"Pimpollito", el libro que más quería.
Al sonido de la campana el recreo nos llamaba.
Pisa pisuela color de ciruela...
¡No quiero ser huevo podrido!
¿Martín pescador me dejará pasar?
Después la cinchada y alguien de cola aterrizaba.
Juguemos con las figuritas, ¿arriba o abajo? Si es extranjera y tiene brillantina vale más.
-Te cambio un chicle Yun-Yun por una de la colección de animales.
Suena la campana.
¡A formar! Terminó el recreo...
No importaba demasiado, nos esperaba la profesora de música.
El piano en el patio cubierto y las canciones que de muy pequeños aprendíamos: el Himno Nacional Argentino, Aurora, Mi bandera, La marcha de San Lorenzo nos emocionaban.
Las notas que desplegaba en el teclado aún resuenan, sonidos que amo.
Guardapolvo almidonado.
Un nevado guardapolvo
tableado y prendido atrás
me ceñía la cintura
para que fuese a estudiar.
Lavado en la batea
con jabón blanco en pan
se planchaba almidonado
para que luciera más.
Las tablas y los bolsillos
había que despegar
amplio moño acartonado
tenía el delantal.
Así dura caminaba.
¡Ojito con ensuciar!
¡A no perder los botones
pues se enojaba mamá!
De guardapolvo blanco muy bien almidonado y con un "Hasta luego" nos íbamos a la escuela por la calle Olavarría.
La escuela N°1 "Pedro Castelli" está viva en mi recuerdo y en mi corazón.
¿Quién ha podido olvidar a la maestra de primer grado?
De impecable guardapolvo bordado en las solapas, lucía un collar de perlas, Elsa Rossi de Fontana, mi señorita.
Muy prolijo su peinado, uñas largas bien pintadas de igual tono que los labios, rojo grana parecía.
Ni hablar de los tacos altos que más alta la hacían.Me enseñó a hacer los palotes, puso el lápiz en mi mano y con la suya iba llevando la mía.
Los libros de mis hermanos eran viejos, no servían. Los retratos de Eva Duarte y de Domingo Perón la escuela los prohibía. Qué alegría tenía yo, libros nuevos me pedían!!!
Los números, las vocales, lecturas de"Pimpollito", el libro que más quería.
Al sonido de la campana el recreo nos llamaba.
Pisa pisuela color de ciruela...
¡No quiero ser huevo podrido!
¿Martín pescador me dejará pasar?
Después la cinchada y alguien de cola aterrizaba.
Juguemos con las figuritas, ¿arriba o abajo? Si es extranjera y tiene brillantina vale más.
-Te cambio un chicle Yun-Yun por una de la colección de animales.
Suena la campana.
¡A formar! Terminó el recreo...
No importaba demasiado, nos esperaba la profesora de música.
El piano en el patio cubierto y las canciones que de muy pequeños aprendíamos: el Himno Nacional Argentino, Aurora, Mi bandera, La marcha de San Lorenzo nos emocionaban.
Las notas que desplegaba en el teclado aún resuenan, sonidos que amo.
Guardapolvo almidonado.
Un nevado guardapolvo
tableado y prendido atrás
me ceñía la cintura
para que fuese a estudiar.
Lavado en la batea
con jabón blanco en pan
se planchaba almidonado
para que luciera más.
Las tablas y los bolsillos
había que despegar
amplio moño acartonado
tenía el delantal.
Así dura caminaba.
¡Ojito con ensuciar!
¡A no perder los botones
pues se enojaba mamá!
jueves, 7 de mayo de 2015
La siesta.
Qué momento importante en la vida de los pueblos es la siesta.
En las grandes ciudades horarios corridos, los empleados almuerzan en veinte minutos y continúan con las tareas.
En el interior de la provincia los negocios bajan las cortinas al medio día y hasta las dieciséis no las levantan.
Almuerzan tranquilos comida casera, hacen sobremesa y después, la siesta.
Cuando se es niño la peor enemiga es la siesta.
Las madres pretenden y exigen a los niños dormirla. Así me sucedió toda mi infancia. Yo no podía conciliar el sueño a esa hora.
Un haz de luz penetraba por el postigo de la ventana y se plasmaba en la pared. Allí podía observar las sombras de las personas que pasaban por la vereda. Así me entretenía, contaba las personas que caminaban mi pared.
Otras veces me ponía a mirar el cielorraso, descubría en cada nudo de la madera un animalito que me miraba con ojos mansos. Unos pequeños, otros más grandes parecían asomar del techo para invitarme vaya uno a saber a qué locas caminatas.
Con mis hermanos hablábamos bajito y como hablar estaba prohibido, ante cualquier circunstancia nos agarraban ataques de risa. Yo mordía bien fuerte la almohada y a veces podía contenerla, otras, no.
Entonces, se escuchaba a mamá decir: -Duerman que va a pasar el viejo de la bolsa, ése que se lleva a los chicos que molestan a la hora de la siesta.
Yo conocía al viejo de la bolsa, se llamaba Anyulín.
Era bajito y viejo, caminaba a paso corto, doblado a cuarenta y cinco grados con la bolsa al hombro por el medio de la calle.
¿Hacia dónde iba?
¿Qué llevaba en su bolsa?
Seguro que chicos no!!!!!!!!!!!!
Los cucos de mi infancia
no crecieron.
Se quedaron inertes
invernando los miedos
que en mis sueños de siesta
no existieron.
Una mano oscura y muy velluda
se tomaba de la reja
en mi ventana
para hacerme dormir
mientras mi mente
en otro espacio deambulaba.
El hombre de la bolsa
y su capricho
de llevarse los niños
que jugaban
se quedó congelado
junto al árbol al que yo trepaba.
Los duendes de mi infancia
no crecieron
se quedaron dormidos
esperando los chicos
que corrían y gritaban
en la siesta
tan lejana.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)