Historias de zoquetes y tacos altos.

lunes, 18 de mayo de 2015

Los corsos.

Recuerdo cuando niña los corsos de mi pueblo.
Mi madre prometía llevarnos si dormíamos la siesta.
Según la fecha del tiempo de Cuaresma es la fiesta de carnaval.
Para los chicos ir al corso era una alegría, las noches se transformaban en un espacio de expresión y liberación. El encanto de la música en ese ambiente multicolor nos emocionaba.
Creo que los carnavales eran la diversión de los pobres. 
El papel picado y las serpentinas eran un sano juego y todos nos hermanábamos aplaudiendo los desfiles de disfraces, carrozas, cantos y danzas.
Un centenar de mascaritas mostraban la creatividad que habían tenido para disfrazarse.
Muchos de ellos actuaban, iban desarrollando un libreto que improvisaban en el momento.
Algunos eran muy graciosos, otros trataban de atemorizarnos detrás de sus antifaces.
Nunca faltaba un  linyera, un borracho, un preso, una pareja de recién casados, y los conocidos personajes del mundo de la fantasía.
Las carrozas por aquellos años eran distintas a las de ahora. Siempre presente la pulpería entre sombras, con hombres acodados al mostrador tomando ginebra que de tanto en tanto entraban en discusión.
Tengo la imagen visual y olfativa de un festejo campero. En ese carruaje iban comiendo carne asada que dejaba el aire impregnado de ese inconfundible sabor argentino mientras la ranchera como un haz de vida se metía en el alma de aquellos bailarines.
Las ceremonias para festejar el carnaval son antiquísimas, creo que derivan de los Saturnales romanos ya que existen vestigios de estas fiesta paganas en la mayoría de los pueblos de la antigüedad. Si bien se le atribuye al carnaval un origen pagano, en su espíritu veo esa necesidad de convivir en paz y armonía con nuestros hermanos y con nosotros mismos para sentir la alegría de la verdadera felicidad.

Jugando al carnaval.

Por las calles de mi barrio
el carnaval se avecina. 
Han salido las muchachas
con baldes de agua fría.

Los muchachos se acercan
y escurren sobre sus cuerpos
con toda algarabía
el líquido que dibuja
los senos y piernas finas.

Algunos con más violencia
revientan en sus espaldas
las bombitas que lastiman.

Las muchachas no se vencen
cargan sus baldes con fuerza
para derramar sobre ellos
agua, risas y alegría.

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