La expedición.
De muy pequeños nos gustaba salir de expedición, rara vez podía ir yo, será por eso que recuerdo tanto, ésa, la única vez que me dejaron ir.
Llevábamos frasquitos, cucharas, palitos y bolsitas de papel.
A lo largo de la caminata había que juntar todo tipo de insectos, anélidos y todo lo que se pudiera llevar a casa.
Yo sabía que debajo de las piedras podía encontrar "bichitos de humedad" o sea cochinillas, eran fácil de colocar en el frasco, capturaba un montón. Allí también había lombrices que me daban impresión, las transportaba cuidadosamente con un palito, una a una, y cuando ya tenía unas cuantas observaba el movimiento que me resultaba repugnante.
Seguíamos la marcha de potrero en potrero o por la orilla de un zanjón.
Me encantaba reventar los hormigueros que dejaban al descubierto centenares de larvas blancuzcas.
Beto y Quique se encargaban de atrapar arañas y como consideraban una operación de riesgo pedían que me alejara, que me fuese a buscar tréboles de cuatro hojas, claro esta tarea me llevaría un tiempo largo porque era muy difícil conseguirlos.
De pronto llegábamos al pozo y en su profundidad húmeda y oscura los sapos y escuerzos permanecían estáticos.
El más salvaje de mis hermanos proponía conseguir un cigarrillo para hacer fumar al escuerzo.
Un muchachote que pasaba por ahí ofreció uno.
Sin miedo, con mucho coraje el mayor descendió al pozo, hubo un momento en que aquellos animales de piel verrugosa se movieron para quedar nuevamente espectantes a los sucesos. Él fue acercándose al batracio de color verdoso amarillento, poco a poco el animal cazó el cigarrillo encendido que le ofrecía como si fuese una presa y comenzó a hincharse, dicen que murió reventado.
Al atardecer aparecían las luciérnagas. Los tres varones eran rápidos para apresarlas en un frasco.
Lo más esperado era la liberación de las luciérnagas en la habitación a oscuras, quedábamos maravillados con el destello de sus luces fantasmagóricas.
Infancia transparente
con crueles palabras desnudas,
con actos salvajes de profanadores
para saciar las ansias.
Destripadores sin sentimientos
mudos de dolor
con la curiosidad a pleno
para romper con la ignorancia.
Inmutables artífices
para vaciar los nidos de indefensas
palomas
con las honderas como armas
en el bosque de la vida.
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