Historias de zoquetes y tacos altos.

sábado, 28 de julio de 2012

Vacaciones en General Rodriguez.


Aún de madrugada, con la brisa suave y fresca, la bocina del auto de alquiler que nos acercaba a la estación ferroviaria, sonaba.
Momentos de emoción, el beso a papá y a mis hermanos mayores que se quedaban.
La noche nos mostraba las sombras con incógnitas, las luces de los focos que apenas alumbraban, algún perro nervioso que la casa cuidaba.
La estación dolorense ahí estaba, antigua, inerte, envuelta en soledad.
Sólo ese mundo de andenes y campanas parecía recobrar vida cuando el silbato de la locomotora se escuchaba. Resonaba en la noche el grito del guarda.
Una vez en el vagón mi madre nos mimaba, descubría las sorpresas que endulzaban el viaje. Entre vaivenes y sombras el sueño comenzaba y con un sol alto la máquina en Constitución detenía la marcha.
Y allí... ¡La gran ciudad! Moderna, agitada...
La vista no alcanzaba para mirarlo todo, las imágenes, el ruido, todo se aceleraba.
-¡Taxi!, a plaza Miserere- decía mi madre.
Desde allí a Gral. Rodriguez por el ferrocarril Sarmiento.
Cuando llegábamos, mis tíos, nosotros, el gato, la casa, todo era alborozo.
Pasábamos quince días y con ellos regresábamos al Dolores chato y aburrido como todo pueblo del interior.
Ellos llegaban con estrellitas en los ojos, deseosos de repartir besos y cariño, con mucha alegría por ver a mi abuela materna.
Año a año repetían el mismo anhelo, estar juntos reunidos a la mesa.
El árbol navideño de pino natural los recibía lleno de velas y regalos. Ellos depositaban en él, el misterio y la magia de las sorpresas que traían.
Eran esos tíos los que nos maravillaban con fuegos artificiales que ascendían y se perdían en el firmamento azul oscuro de Nochebuena.
Una voz muy cálida nos reunía y contaba que esas estrellas viajaban a Belén para guiar a los Reyes que iban en busca de Jesús.


Buenos Aires.


Le dicen Reina del Plata
porque es muy atractica.
Caminando por Corrientes
o por la calle Florida
la recorre tanta gente
de noche como de día.
Las luces la iluminan,
la embellecen marquesinas.
Los autos que la transitan
hacen sonar la bocina.
Taxis, subtes, colectivos,
del norte al sur la caminan.
Y en la 9 de Julio
el obelisco la mira.
El  Cabildo nos recuerda
junto a la Plaza de Mayo,
las láminas de mi aula,
el candombe, la negra mazamorrera,
la fiesta del 25
donde toda la familia
con sentimiento de Patria
a la escuela concurría.

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