Historias de zoquetes y tacos altos.

martes, 5 de junio de 2012

Cayó nieve.

La imagen se desliza como en una película.
Allí junto a la boma, en el medio del patio, se veía un muñeco, todo, todo blanco.
Le habían puesto sombrero, dos piedras en los ojos, una pipa de caña y prominente panza.
Ya era media mañana cuando me levantaron, mis hermanos lo habían hecho muy temprano. Motivo suficiente el de ese amanecer, después de medio siglo ver nieve otra vez.
Los chicos de la cuadra, todos, todos tenían muñeco y con bolas muy frías reían y sacudían.
Bellísimo recuerdo el de aquel invierno.
Cincuenta años han pasado y de la nieve, nada.
Se calienta el planeta, el agujero de ozono se expande y los días no vuelven como antes.

Todo blanco va quedando
tras las horas.
Incesante llora el cielo
heladas lágrimas.
Como testigo inerte
la soledad
huele frío de muerte
bajo la destemplanza
del tiempo.
Ráfagas heladas danzan
con los acordes despiadados
del viento.
Como cristales puntiagudos la nieve cae
suave, discola, inocente
sin advertir que es
Belleza y Muerte.

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