Escuela primaria.
De guardapolvo blanco muy bien almidonado y con un "Hasta luego" nos íbamos a la escuela por la calle Olavarría.
La escuela N° 1 Pedro Castelli está viva en mi recuerdo y en mi corazón.
¿Quién ha podido olvidar a la maestra de 1° grado?
De impecable guardapolvo bordado en las solapas, lucía un collar de perlas, Elsa Rossi de Fontana, mi señorita.
Muy prolijo su peinado, uñas largas bien pintadas de igual tono que los labios, rojo grana parecía.
Ni hablar de los tacos altos que más alta la hacían. Me enseñó a hacer los palotes, puso el lápiz en mi mano y con la suya iba llevando la mía.
Los libros de mis hermanos eran viejos, no servían, los retratos de Eva Duarte y de Perón la escuela los prohibía.
¡Qué alegría tenía yo, libros nuevos me pedían!
Al sonido de la campana el recreo nos llamaba.
Pisa pisuela color de ciruela...
¡No quiero ser huevo podrido!
¿Martín pescador me dejará pasar?
Después la cinchada y alguien de cola aterrizaba.
Juguemos con las figuritas, ¿arriba o abajo? Si es extranjera y tiene brillantina vale más.
-Te cambio un chicle Yun-Yun por una de la colección de animales-
Suena la campana.
¡A formar... terminó el recreo!
No importaba demasiado, nos esperaba la profesora de música.
El piano en el patio cubierto y las canciones que de muy pequeños aprendíamos: el Himno Nacional, Aurora, Mi bandera, la marcha de San Lorenzo nos emocionaban.
Las notas que desplegaba en el teclado aún resuenan; sonidos que amo.
Un nevado guardapolvo
tableado y prendido atrás
me ceñía la cintura
para que fuese a estudiar.
Lavado en la batea
con jabón blanco en pan
se planchaba almidonado
para que luciera más.
Las tablas y los bolsillos
había que despegar
amplio moño acartonado
tenía el delantal.
Así dura caminaba.
¡Ojito con ensuciar!
¡A no perder los botones
pues se enojaba mamá!
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